Tlatelolco: una matanza sin conclusiones y sin saber qué sigue después

Publicado octubre 02, 2018, 5:03 pm
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Dicen los que saben que la memoria es como un libro en blanco y los primeros recuerdos y sensaciones que escribimos en él no se borran más.

Y Juan Luis Peña Chapa puede dar fe de eso hoy, 50 años después de la masacre de Tlatelolco, cuando sentimientos de impotencia, rabia, ira y miedo se le juntan todos en la cabeza y en la garganta.

“Tenía 21 años en aquel entonces y estuvimos a punto de entrar a la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, pero no nos dejaron y nos quedamos a un costado. Cuando vimos lo que pasó sólo podía pensar ‘estos hijos de pu… atacan a gente desarmada, sólo me salían mentadas de madre en contra del presidente Díaz Ordaz, ese cínico y descarado que asumió la responsabilidad histórica y política de lo que pasó”, reflexiona hoy, medio siglo después y con 71 años de edad.

Juan Luis vive en Mérida desde hace más de 30 años, es doctor en Física Experimental y actualmente se dedica como empresario a la fabricación de paneles solares. Pero nunca dejó la militancia ni las ganas de ver un mundo distinto, mejor, aunque la política hoy día lo desilusiona y bastante.

Hoy se cumplen 50 años de la masacre de Tlatelolco, donde el gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz ordenó reprimir a estudiantes que se manifestaban en su contra. Hubo cientos de muertos, heridos y miles de detenidos en un hecho que fue una ruptura para el pueblo mexicano.

Durante la tarde del miércoles 2 de octubre de 1968 miles de personas se concentraron en la Plaza de las Tres Culturas de CDMX con el fin de escuchar a los líderes del movimiento estudiantil, nucleados en el Consejo Nacional de Huelga (CNH), que desde hacía más de dos meses se enfrentaba en las calles, y desde las universidades, al gobierno autoritario del priista Díaz Ordaz. Catorce días antes el ejército nacional había violado la autonomía universitaria ocupando las instalaciones de la UNAM, persiguiendo y deteniendo a los estudiantes organizados.

“Soy de Nuevo León, Monterrey, pero estaba completando mis estudios de Física Matemática en el Cinvestav. Milito desde la adolescencia y aquel día, enterados de la manifestación que habría en Tlatelolco, fuimos un contingente de más de cien personas a apoyar a los compañeros, junto a estudiantes del Politécnico de Zacatenco”, relata Juan Luis.

Como si el tiempo no hubiese pasado, recuerda que llegaron hasta la esquina de Insurgentes y Nonoalco y ya estaba lleno de granaderos, policía federal y otros vestidos de civil pero que ellos distinguieron como fuerzas armadas.

“Todo era una locura”

“Éramos más de cien y decidimos entrar porque todo estaba rodeado. Lo intentamos y nos golpearon, volvimos a hacerlo y otra vez nos golpearon. Entonces armamos una táctica que era poner adelante a los jugadores de fútbol americano”, recuerda.

Sin embargo, mientras armaban la estrategia vieron una bengala y se preguntaron qué era eso. Unos minutos después comenzaron los balazos.

“Eran pasadas las seis de la tarde y empezamos a escuchar balazos y ráfagas de ametralladoras, no entendíamos nada hasta que comenzamos a ver gente que salía de la plaza gritando como loca ‘¡Nos quieren matar, nos quieren asesinar!’ Estaban muy alterados y veíamos que traían sangre en el cuerpo, todo era una locura”, relata.

Juan Luis explica que lograron refugiarse en un área cercana durante tres horas, cuando comenzaron a ver cómo sacaban cuerpos muertos en camionetas y camiones de la plaza.

“Estábamos todos muy alterados y cuando vimos las camionetas y camiones fue lo más terrible y desagradable de todo”, rememora, con un nudo de rabia en la garganta.

Esa misma noche y hasta la madrugada, Juan Luis y sus compañeros buscaron a conocidos en hospitales y cárceles, pero todo era muy difícil y les daban poca información. “Al día siguiente estábamos todos con el golpe emocional, cansados y agotados”, cuenta.

Juan Luis regresó a continuar sus estudios a Monterrey donde, sin la ayuda de las redes sociales de hoy día, poco y nada se sabía de lo que había ocurrido en la capital del país.

“Recuerdo que compré revistas para mostrarles y fue un golpe muy duro para todos en el norte, pero una forma también de crear conciencia. Para aquel entonces yo militaba con el grupo troskista Grupo Comunista Internacionalista”, cuenta.

Lo que siguió fue generar un análisis de lo que había ocurrido y Juan Luis notó que, a pesar de que en CDMX ocurrió una gran desmovilización luego de ocurrido, los movimientos en los estados retomaron fuerzas.

“Todo tomó fuerza en los estados porque también había un fermento de problemas, sobre todo en lugares como en las universidades de Nuevo León y Sinaloa”.

Juan Luis regresó en otras oportunidades a CDMX a hacer una maestría y también un doctorado y continuó con la militancia, aunque de un modo más académico. Uno de los trabajos que más disfrutó fue su actividad política con el Método de Alfabetización de Pablo Freire, que le permitió enseñar a mucha gente a leer, escribir y tomar conciencia.

Parteaguas

“Después del 68 hubo un parteaguas en México, una ruptura y a mí me marcó fuertemente. A 50 años de lo sucedido, nunca sacamos una conclusión de lo que hay que hacer y, sobre todo, de qué sigue después. Me desilusiona la política actual, voté por Andrés Manuel López Obrador y quizás dentro de muy poco me voy a arrepentir porque veo que las cosas no van en la dirección que yo esperaba. El dinero es el diablo”, remarca.

Sin embargo, Juan Luis no pierde las esperanzas.

“Hoy día no veo un interés en los jóvenes por la militancia política porque siento que no hay organizaciones seductoras con las que se identifiquen. Ni hablemos de la bola de corruptos del PRI, PAN y PRD… Y Morena ya está dando una muestra feroz de uñas, eso me tiene muy decepcionado. Sin embargo, hay que dejar de hacerle el juego a la democracia burguesa”, asegura.

Aunque dice que la idea todavía “está verde”, Juan Luis propone que, a través de las redes sociales, se formen slogans que generen tendencias y unan a la gente.

“A través de las redes sociales a las que todo el mundo accede hoy día, se pueden generar slogans tipo “No vamos a comprar ni un pinche producto de Coca Cola” y hacerlo extensivo a muchísima gente para ir formando células para llevarlo a nivel nacional. Eso sí es difícil de parar porque, simplemente, las redes son imparables”, concluye.

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