La policía de Yucatán, efectiva ante un crimen aislado y no previsible

Publicado septiembre 27, 2018, 6:15 am
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Radar Político/Columna

Habitualmente, los yucatecos (y los mexicanos en general) tendemos a regatear el reconocimiento cuando alguien está haciendo bien las cosas. Quizá sea por cuestiones de algún falso orgullo o por alguna costumbre aprendida de no sé dónde.

El domingo más reciente ocurrió en Chicxulub Puerto, perteneciente al municipio de Progreso, el asesinato del dueño de un restaurante que no hacía mucho había llegado a esa comunidad portuaria.

Oriundo de Chetumal y con actividad de taxista en Playa del Carmen, el fallecido fue ultimado a balazos por tres sujetos y una mujer que llegaron procedentes de Quintana Roo.

La violenta muerta no tardó en generar reacciones de la sociedad yucateca, desacostumbrada a este tipo de actos y siempre temerosa de que la delincuencia que afecta al vecino pueda alcanzarnos algún día.

Pero igual generó una reacción efectiva de la Secretaría de Seguridad Pública, encabezada (¿por qué no decirlo?) por el comandante Luis Saidén Ojeda, ante un hecho aislado no previsible.

La detención de los homicidas ocurrió el mismo día, en menos de tres horas y antes de que salieran de Yucatán, gracias a un trabajo que involucró a numerosas personas capacitadas para contraatacar este tipo de hechos que, reiteramos, son aislados y no previsibles.

A estas alturas, a menos de una semana del artero crimen, los implicados ya están ante la justicia, cuando en otros lugares ni siquiera se tendría pistas de ellos.

Sitios web de Quintana Roo que reprodujeron la noticia del asesinato en Chicxulub Puerto se llenaron de comentarios de gente que elogiaba la efectividad de la policía yucateca.

“Ojalá tuviéramos esa policía aquí en Cancún”, decía uno de esos mensajes. “Aquí cuando ocurre un asesinato la policía solo llega a levantar casquillos y de los criminales nunca se sabe nada”.

Por el contrario, en Yucatán surgieron algunos comentarios que regatearon ese reconocimiento, no a una persona, sino a una institución, porque las videocámaras de vigilancia no se manejan solas (“no fue la policía, fueron las cámaras de vigilancia”, decía alguien en su publicación).

Tras el homicidio en Chicxulub se generó un intenso trabajo de inteligencia para ubicar vehículos sospechosos y de ahí montar un cerco con retenes para impedir la salida de los involucrados. Y esto implica la participación de muchas personas que, en su domingo, estaban trabajando para garantizar la seguridad de la que tanto nos ufamos pero a la vez estamos tan temerosos de perder.

Dejemos de regatear ese reconocimiento porque nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido, pero sobre todo dejemos de jugarle al “tomoc chi” (atraer la mala suerte o el mal agüero) invocando hechos que, afortunadamente, en Yucatán están aún lejos de suceder.

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