In Memoriam

Publicado abril 16, 2018, 10:54 am
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DICEN POR AHÍ…/Columna

Por: Mtra.: Alejandra Sotomayor Sandoval

La muerte implica prever un espacio de sepultura y una serie de rituales funerarios, ambas son cosas en la que habitualmente no nos detenemos a pensar por diversos motivos, pero en la realidad, son hechos que están inmersos en el acontecer diario de los individuos. Específicamente en México es un tema de arraigo y de costumbres entre los pueblos y comunidades del que hoy nos ocuparemos brevemente para el área de Yucatán.

Recordemos que en la mayoría de las culturas prehispánicas los entierros se realizaban en las casas, para el área maya Francisco Molina Solís nos dice que los cadáveres eran incinerados y enterrados en los patios de las casas de sus familias y posteriormente quedaban abandonadas o inhabitables. Pero debido al proceso de imposición de fe bajo el dominio español, los sitios de enterramiento fueron trasladados a los templos católicos, tal como menciona el viajero John lstitches, “que en los atrios de la iglesia como la de Santa Elena… era usado como camposanto durante los siglos XVII-XIX”; ya que en el costado sureste de la sacristía se erigía una construcción de forma cuadrada con paredes de mampostería qué fue usado como osario. Realizándose de esta manera hasta 1859 aproximadamente, año en que a raíz de las leyes de reforma (que dictan la separación iglesia-estado) nace la figura del cementerio civil iniciando; con esto el cese de toda intervención del clero decretado el cese “en toda la república, la intervención en la economía de los cementerios, camposantos, panteones, bóvedas o criptas mortuorias…[al] clero así secular como regular.”

Actualmente la muerte tiene una concepción cristiano-maya plagada de ritos y costumbres espirituales ancestrales los cuales representan un suceso sagrado e inevitable dentro de la vida de cualquier persona. El doctor Lázaro Tuz Chi denomina como tradiciones funerarias aquellas prácticas que se llevan a cabo en la Península de Yucatán entre las que menciona el Kátab t’aan (la petición de la palabra del difunto), el p’oob baá (limpieza de los Santos restos) en pomuch, el baño del fallecido con cuya agua se hace el chocolate que se sirve a los invitados del velorio; los rezos que se realizan en las funerarias o casa del difunto; el alimento to’oox (distribuir, repartir) que se da en el velorio o en los rezos que sirve para guiar el alma del fallecido para que encuentre el camino a la luz y pueda cruzar el umbral entre los vivos y los muertos tal y como los ancestros mayas lo realizaron y tomaban las prevenciones correspondientes para que su fallecido pudiera transitar por el Xibalbá, colocándole en ocasiones maíz en la boca por si tuviese hambre en el trayecto y algunas monedas o utensilios qué le servirían en su andar entre los muertos.

Cabe señalar que estos son apenas algunos ritos de los muchos que subsisten en nuestro querido Yucatán, ya que cada pueblo, hacienda, familia y lugar guarda sus tradiciones privadas y rituales funerarios. Nos gustaría conocer las tuyas.

 

Alejandra Sotomayor

Historiadora pertinaz en mostrar que cada rincón de Yucatán es un lugar entrañable en la memoria de sus habitantes.

Correo electrónico: [email protected]

Sobre la autora:

Alejandra Sotomayor Sandoval es licenciada en Etnohistoria, Maestría en Historia y Etnohistoria y Doctorante en Historia

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