Rolando Zapata, un adiós con inevitable sabor a derrota

Publicado septiembre 30, 2018, 11:09 pm
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Radar Político/Columna

Si bien cada sexenio tiene su sello propio, incluso para despedirse, las comparaciones son inevitables, y resulta imposible hacer contrastes entre la forma en que terminaron sus gestiones Rolando Zapata Bello e Ivonne Ortega Pacheco, los dos últimos ex gobernadores, ambos de extracción priista.

Hace seis años Ivonne Ortega tuvo salida triunfante, como de alguien que hizo ganador al candidato de su partido, en este este caso Rolando Zapata, quien no pudo hacer lo mismo con Mauricio Sahuí.

La despedida de Ivonne Ortega estuvo llena de espontáneas muestras de afecto, con batucada y porras, globos rojos, algarabía, prácticamente un mitin en el patio central del Palacio de Gobierno.

Por el contrario, Rolando Zapata, quien entrega la estafeta a un gobernador panista, tuvo una salida más preparada, como ensayada, como un acto que se tiene que cumplir porque está en el protocolo.

Su adiós tuvo inevitable sabor a derrota, salió arropado únicamente por colaboradores y su grupo político, con abrazos que más que despedida parecían de consuelo, como tratando de darse fortaleza ante la incertidumbre que de ahora en adelante les cae.

El mejor gobernador del país salió con la derrota en los hombros, con el ánimo cansado, como queriendo dar vuelta a la página.

En su despedida no estuvo la base del PRI, en su mayoría molesta por las derrotas del 1 de julio, solo se vio a directivos priistas. Y aunque se le cantó que pronto será el “papá” del PRI, porque se proyecta que sea el dirigente nacional, al parecer también este puesto se le tambalea.

A diferencia de con Ivonne Ortega, tampoco estuvo la base trabajadora de la burocracia, que igual está resentida porque se queda sin sustento.

Las canciones de despedida tampoco abonaron al ambiente. Los músicos sonaron a contratados y hasta una canción del cantautor Napoleón que le dedicaron (“Vive la vida intensamente”), más que resaltar alguna cualidad de Rolando Zapata, sonó como hay que acostumbrarnos a los tiempos difíciles que ahora nos toca vivir.

En resumidas cuentas, una despedida sin pasión política, a tal grado que nadie de las personas que estaban a esa hora en el centro meridano hizo por acercarse a decirle adiós.

Tras ser arropado por sus colaboradores, Rolando Zapata abordó una camioneta que lo esperaba a las puertas de Palacio de Gobierno y avanzó sobre la calle 61 para ir a cumplir su último acto de gobierno, en el municipio de Yaxcabá.

A Ivonne Ortega los colaboradores le decían frases como “hasta luego, jefa”, “felicidades jefa”, “Siempre hacia adelante, jefa”.

Si bien su salida duró menos tiempo que la de Rolando Zapata, la ex gobernadora avanzaba entre la muchedumbre como aquel torero que se ha llevado la tarde.

Y al salir aún la esperaba más gente dispuesta a estirar la mano para saludarla o abrazarla, tomarse una foto con ella.

Una vez fuera de Palacio, caminó hacia la izquierda, rumbo a la calle 60 donde la esperaba una camioneta que avanzó hacia el norte en medio de una ovación.

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