Escolasticismo ‘posneoliberal’

Se pretende ahora moralizar al país a través de la Iglesia, justo como en la Edad Media, solo que esta vez la moralización será modernizada, vía radio y TV. Escolasticismo, literalmente, al estilo medioevo.

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Por: Pável Calderón Sosa

El medioevo se caracterizó por la explotación de los siervos de la gleba  por los señores feudales; también por la escasa productividad, el nulo o poco avance económico y un nivel de vida muy pobre para las grandes mayorías; fue una época bien conocida por su oscurantismo, por su poca afición a cultivar el uso de la razón y la investigación científica de los fenómenos de la naturaleza y la sociedad, de profunda religiosidad, de gigantesco poder de la Iglesia en la vida de las naciones; fue la época de la Santa Inquisición.

El modo de producción imperante encontró en la filosofía escolástica, puntal ideológico de la sociedad feudal, el refuerzo que necesitaba para sostenerse. El escolasticismo se desarrolló entre los siglos VII y XV, en Europa occidental. Esta filosofía estaba uncida a la Iglesia Católica, que la consideraba la “servidora de la teología”: pretendía encontrar algunas aplicaciones de los dogmas generales de ésta, demostrar lo acertado de los planteamientos bíblicos, defender al régimen feudal y justificar su existencia, así como normar la moral de los individuos; sin embargo, para todo esto no estudiaba la naturaleza ni el mundo todo; en vez de obtener sus conclusiones de un análisis concienzudo de la realidad y ver el conocimiento como un resultado de un esfuerzo teórico-práctico previo, tenía la osadía de partir de los dogmas eclesiásticos y adaptaban toda su teoría a éstos; las conclusiones ya estaban hechas y no necesitaban más que dotarlas de un cuerpo teórico.

El máximo exponente de esta corriente filosófica fue Tomás de Aquino, que vivió en el siglo XIII y que llevó a su punto más alto la enseñanza escolástica. Juzgue usted los grandes servicios que prestó a la Iglesia este hombre, que más tarde fue canonizado y aún hoy se le celebra como Santo Tomás de Aquino. En cambio Galileo Galilei, genial científico renacentista, que sostuvo la teoría heliocéntrica en oposición al dogma geocéntrico defendido por el clero, en una dura lucha que sostuvo durante años contra la Inquisición, finalmente “sucumbió”, al ser condenado en el año de 1633 a prisión domiciliaria de por vida, después de ser obligado a abjurar de su teoría. Desde el siglo XV  el Renacimiento rompe con siglos de estancamiento de las artes, ciencias, de la economía y de la sociedad en su conjunto.

Pero el escolasticismo no ha muerto definitivamente; cada vez que los poderosos del mundo requieren este tipo de filosofía, la sacan del baúl de los trastos. Nuevas e ingeniosas logomaquias y un poder mediático espantoso, son sus principales armas para defender dogmas que convienen a sus intereses de conservación del statu quo, favorable a ellos. Se defiende, por ejemplo, a la democracia occidental como la más perfecta forma de organización social, pero  no se repara por sus panegiristas en los datos de pobreza y concentración de riqueza en poquísimas manos que la OXFAM se encarga de recordarnos a cada rato. Se ha llegado al extremo de que incluso cuando la democracia se practica pero el resultado no conviene a los intereses del imperialismo norteamericano, como en Venezuela, se dice: “el proceso  fue inequitativo, debe haber nuevas elecciones” o “el presidente así elegido es ilegítimo -¡sí, por absurdo que parezca, “ilegítimo” se llama al ganador bajo las reglas del “juego democrático”- y sale a autoproclamarse “presidente encargado” –interino, legítimo, o hasta iluminado tal vez terminen por llamarlo- un abyecto servidor del poder mundial. Se dice también, por ejemplo, “hay crisis humanitaria por culpa de Maduro, corramos a ayudar” –léase invadir- pero no se voltea a ver a muchos países en situaciones peores, Yemen, por ejemplo: la ONU reconoció hace poco que debido a la agresión Saudí, desde el año 2015,  80 mil niños menores de cinco años han muerto por hambruna, y 360 mil están en estos momentos al borde de la muerte por la misma causa; según la ONG Save the Children, en el mismo país, 5.2 millones de niños están en riesgo de padecer hambruna, sin que se haya iniciado hasta ahora el loco griterío imperial por defender los derechos humanos y la democracia en ese desgraciado país. No se obedece a la realidad mundial para llevar las ayudas “humanitarias” sino al más puro y descarado interés económico de las potencias; quien lo dude, que eche un vistazo a las declaraciones del asesor de Seguridad Nacional de los Estados Unidos,  John Bolton, en torno a la probable asignación de la explotación del petróleo venezolano a empresas norteamericanas. Es teóricamente absurda la postura de los demócratas occidentales, y sin embargo, la mayor parte de los pueblos aún no aprende a detectar el engaño vil. Escolasticismo puro.

¿Y en Mexico? Basta con recordar las medidas más absurdas que ha tomado el gobierno actual para catalogar los principios que lo rigen: cancelación de varios programas que satisfacían algunas necesidades sociales puesto que estaban “colmados de corrupción”; sin embargo nunca se demostró la generalización del problema, ni se presentaron datos algunos, solo se impuso el dogma y se canceló de manera irracional el programa.

Se volvió política de  Estado acusar a las organizaciones de intermediarias, sin demostrar la existencia real del problema, sin decir cuándo, dónde y a cuántas se les entregó dinero; incluso se llegó al extremo de oficializar el desconocimiento de las mismas y a prohibir a todos los funcionarios el trato con ellas. Se canceló el uso de un avión que, aun siendo inútil, cuesta 417 millones de pesos anuales parado en los Estados Unidos; se detuvo a costos exorbitantes la construcción de un aeropuerto que llevaba ya la tercera parte de avance; la “nueva” estrategia de combate militarizado de la inseguridad ha generado el arranque de sexenio más violento de la historia.

Se pretende ahora moralizar al país a través de la Iglesia, justo como en la Edad Media, solo que esta vez  la moralización será modernizada, vía radio y TV. Escolasticismo, literalmente, al estilo medioevo. Y al que no se “moralice” según los dogmas de la 4T o que no se pliegue al autoritarismo de su líder ¿qué? ¿También se le enjuiciará y sentenciará por un moderno Tribunal del Santo Oficio? ¿Quién será el Torquemada en turno? Ya aparecen en el horizonte Inquisidores bastante capaces de desempeñar tal función.

El comportamiento del Gobierno no lo está dictando la razón, ni el análisis de la realidad objetiva, sino solo su interés por afianzarse en el poder, mediante el uso y abuso de programas demagógicos y de la demagogia pura, sin programas.

El movimiento que se autocalifica como renovador de la vida pública se aparece, a juzgar por la historia, como un movimiento rebasado y desechado por la práctica social. Nada nuevo, como no sean los peligros de la fuerza queriendo encerrarnos en el pasado, negando el futuro, hay en la 4T.

Escolasticismo es conservación de lo viejo, aunque esto sea desfavorable a las mayorías. Por eso el imperialismo y sus aprendices lo usan para perpetuarse en el poder. Y así como el Renacimiento vino a desplazar al oscurantismo y antihumananismo de la Edad Media, hoy en el mundo van creándose las condiciones, por el agotamiento del modelo económico imperante, para enterrar de una vez y para siempre, los lastres de la consciencia y de la verdadera vida humana. El pensamiento escolástico no es superior al pensamiento científico de quienes quieren el progreso; lo único que queda a los defensores del sistema es el uso de la fuerza y la manipulación de las masas, y a estos duros enemigos habrá que vencer; a la primera, con una organización de masas gigantesca; a la segunda, con una labor educativa intensa, con todos los recursos y por todos los medios posibles.

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