La importancia del desayuno para no sentir tanta ‘heladez’

[vc_row][vc_column][vc_column_text]Parece que el frente frío con su “heladez” pegaron la vuelta. Sin embargo, no canten victoria: Nos espera una semana con mañanas y noches frescas, así que a mantener los cobertores, las medias, el calzado cerrado y las chamarras a mano.

Desde que nos despertamos sabemos que, entre el calor de la hamaca o la cama y las temperaturas exteriores, la diferencia es considerable. Por eso, para una transición suave, lo mejor que podemos hacer por nuestro cuerpo y nuestro ánimo es tomar un buen desayuno antes de salir de casa.

¿Qué no tienes tiempo? ¿Que te quedas remoloneando hasta que se hace la hora fatal? ¿Qué los niños tardan demasiado en levantarse? Son excusas y lo sabes. Por eso no cuesta nada programar el despertador unos minutos antes de la hora de siempre para tomar un desayuno equilibrado, con nutrientes que evitarán que nos rindamos, a eso de las 10 am, a los tacos, la Coca Cola y las tortas de lechón del puesto de la esquina del trabajo. O las frituras de los chicos en las escuelas, claro.

La palabra desayunar proviene del latín “dis-iunare”, que significa “romper el ayuno”. Su significado hace hincapié en la importancia de esta primera comida del día que pone fin a una abstinencia alimentaria de al menos siete horas.

Aun así, nuestro cuerpo está funcionando las 24 horas del día y consume energía incluso durante la noche, cuando su actividad es inferior.

Por eso, para sacar el mayor partido del desayuno, es importante que cuidemos su composición. Lo ideal es que cubra el 25% de nuestras necesidades energéticas diarias. Se compone de una bebida, una pieza de fruta, un lácteo, y cereales o pan. Y si nos ponemos a pensar, también sirve como un espacio de interacción familiar, antes de partir cada uno a sus tareas diarias.

La bebida caliente: un clásico. No solo favorece la hidratación sino que hace que entremos en calor. A partir del primer sorbo de leche, té, chocolate o de café, una agradable sensación de bienestar invade nuestro cuerpo.

La fruta, una gran aliada. Naranja entera o en jugo, mandarina, kiwi, manzanas, plátano… aunque en invierno las opciones son más reducidas que en verano, es fundamental incluir siempre una pieza de fruta. Ricas en fibra, en vitaminas y micronutrientes, especialmente antioxidantes, las frutas refuerzan el tono muscular y nos ayudan a luchar contra los radicales libres, responsables del envejecimiento. Un “dopaje” natural para mantenerse en plena forma.

Los cereales: un básico. Pan normal, pan tostado, o cereales, estos alimentos ricos en glúcidos lentos nos aportan la energía necesaria para las actividades de la mañana. Un poco, mucho o en exceso… Tú decides la cantidad en función de tu apetito.

El lácteo: esencial. La leche, los yogures o el queso contribuyen a los aportes de calcio, necesario para una buena salud ósea, y también nos proporcionan proteínas de muy buena calidad.

Te aseguramos que, con un rico desayuno en la barriga, el fresco de la mañana ya no será tan grueso como la semana pasada. Y además te dará energías para arrancar el día.

Para los bajitos de casa

Si para un adulto es importante -especialmente con este clima fresco- salir de cada “desayunado”, imagínense para un niño que asiste a la escuela a aprender, hace actividad física, corre, salta y juega. Sus sentidos deben estar al 100 por ciento todo el tiempo.

Por regla general debemos incluir en el lunch un alimento de cada uno de los grupos importantes, como son frutas, verduras, cereales y, a menos que sean vegetarianos, un alimento de origen animal.

Vamos por partes: en el caso de la fruta y la verdura, elijan las que no pierdan textura porque nada peor para un niño que abrir su lonchera y ver una “cosa” negruzca, espesa, chorreada y sin color ni forma.

Se puede enviar jícama, zanahoria, pepino, manzana, gajos de mandarina o naranja, uvas, mango cortado y un poco verde, guayabas muy firmes, bolitas de melón y sandía, piña en trocitos. Importante: para que no se ponga negra, la manzana se debe rociar con limón.

A continuación, les dejamos algunas sugerencias accesibles para el bolsillo, ¡Ojalá les sirva!

Cuadritos de queso gouda o manchego con uvas lavadas, desinfectadas y secas, sin rabitos. Una barrita de cereal o un par de galletas, y su agua.

Unas 10 pasitas con chocolate, un recipiente pequeño con jícama y zanahoria ralladas y su porción mini de chile con sal y limón en polvo, un pequeño jugo o agua suficiente.

Un recipiente pequeño con mango en trocitos con chile y limón, una rebanada de pan de caja con mayonesa y jamón, al que pueden descortezar y sellar de las orillas para formar un triangulo cerrado como sobre y su agua.

Manzana en cubos o gajos, queso panela en cuadritos, y una bolsa pequeña de cacahuates japoneses por ejemplo, su agua y listo.

Atún escurrido con mayonesa y una bolsita con unas 5 galletas saladas, un recipiente pequeño con una tuna con sal y limón o sandía, guayaba, durazno, kiwi o piña. Agua y nada más.

Fruta y verdura rallada con sal y limón, o fruta seca o deshidratada enchilada y una palanqueta de cacahuate y agua natural.

Un medio sándwich de crema de cacahuate con mermelada o miel, aunque no a todos les gusta, pero más bien es a los papás a los que a veces no les gustan algunos alimentos y no se los enseñan a comer a sus hijos, una fruta seca como mangos enchilados.

Bolsa o recipiente bien sellado de palomitas de maíz, una rebanada de jamón en tiritas con salsita chamoy o la que a sus peques les encante y agua.

Pasta de coditos cocidos con atún y mayonesa. Una fruta picada con chile y limón.- CGO.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

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