Semáforo rojo en Yucatán: ¿volver es una forma de llegar… y recomenzar?

Publicado agosto 02, 2020, 10:06 am
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Mirada Azul/Columna
Por: René Duperón

MÉRIDA.- Cómo diría Miguel Ríos en su canción “Todo a pulmón”, qué difícil se nos ha hecho a los yucatecos mantenernos en este viaje de la pandemia de Covid-19.

Son ya casi cinco meses de estarnos cuidarnos, de vivir con el temor al contagio, de escuchar que perdemos a un amigo, a un abuelo o abuela, a un padre o a una madre, a un tío o una tía.

De restringirnos en nuestras actividades, de no convivir con los amigos, de no poder disfrutar la temporada de verano, salvo los que tienen casa en la playa.

Y también como diría el cantautor español, aún seguimos sin saber a dónde vamos en realidad, y no porque las autoridades sean incapaces, sino porque nos estamos enfrentando a una realidad inédita.

Lo que sí es una realidad, es que se trata del mayor problema de salud y del mayor reto económico que afrontamos muchas generaciones de mexicanos y yucatecos, y para nada estamos enfrentando unidos esos retos, no están todos colaborando, no están todo poniendo de su parte.

Pese a que nuestro suelo es plano, al caminar en esta pandemia se nos ha vuelto una subida, porque hay quienes ven río revuelto en la mayor desgracia sanitaria que estamos viviendo. La influeza AH1N1 es un juego de niños ante lo que vivimos hoy, y no solo México sino todo el mundo.

Ni poderosos países como Estados Unidos o Alemania (el motor económico de Europa) se libran de la caída económica, que es la peor desde la Gran Depresión, a finales de los años 20 del siglo pasado.

Nuestra economía necesita oxígeno y respirar a todo pulmón, pero también se requiere frenar los contagios y las muertes. Un dilema que muchos líderes mundiales pensaron que se solucionaría encerrándose unas semanas y luego a volver a darle duro a la economía.

No fue así. El Covid-19 se carcajeó con su realidad tirana.

En Yucatán las autoridades desde hace varias semanas lo han reiterado: primero está la salud que la economía, y es inminente el regreso al semáforo rojo.

¿De ida o de vuelta? Tal vez volver sea una forma de llegar… y empezar de nuevo.


El nombre de esta columna no obedece a ningún color partidista, sino a las extensas y emocionantes, pero no exentas de controversia pláticas de tres personas con autismo. El azul es color que identifica a este padecimiento con el que tengo la oportunidad de convivir día tras día.

Es fascinante la forma en que estas personas ven la vida… tal vez si gobernaran no habría nunca guerras. Las personas con autismo sí tienen otros datos de la vida, una mirada azul.