A ocho años de la golpiza: el 4 de julio no se olvida

Ha sido uno de los capítulos más negros de la historia reciente de Mérida. Fue un día triste y gris en el que la agresión avasalló el diálogo y la concertación política que debe acompañar el oficio de gobernar.

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Radar Político/Columna

Este jueves 4 de julio se cumple un aniversario más de uno de los capítulos más negros de la historia reciente en Mérida: la golpiza del paso deprimido, del cual fueron protagonistas dos políticos que, afortunadamente, ahora están en la banca.

Nos referimos por supuesto a Angélica Araujo Lara, quien era en ese entonces alcadesa de la ciudad, y Gaspar Quintal Parra, quien era oficial mayor del ayuntamiento, y a quien se menciona como orquestador de los hechos violentos.

Ese 4 de julio de 2011 las víctimas fueron ciudadanos que se oponían a la construcción del paso a desnivel donde hoy se encuentra lo que paradójicamente se conoce con el nombre oficial de “Glorieta de la Paz”.

Sin miramientos de ningún tipo, vándalos arremetieron contra ciudadanos indefensos, entre los que había mujeres y hasta niños, lo cuales fueron acorralados mediante una estrategia que solo pudo salir de una mente retorcida, en la que por supuesto el diálogo y la concertación política no tienen cabida.

En aquella ocasión varios de los golpeados, incluyendo el cónsul de Holanda en Mérida, tuvieron que ser hospitalizados a causa de las lesiones que sufrieron por defender su ciudad de una obra que, hasta el día de hoy, no ha cumplido cabalmente la función para la cual fue diseñada.

Ese fue uno de los grandes tropiezos que llevaron al fracaso el proyecto político de Angélica Araujo, y hoy a ocho años del suceso aun es recordado como uno de los capítulos más negros de la historia reciente de Mérida, ciudad caracterizada por ser pacífica y por tener los índices más altos de seguridad en todo México.

El 4 de julio no se olvida… para que nunca más vuelva a suceder.

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