Recuento de los daños: lo material todo lo perdieron y un niño se quedará sin riñón

Publicado enero 03, 2020, 3:01 pm
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MÉRIDA, 3 de enero de 2020.- A dos días de la explosión en la colonia Francisco Villa Oriente de Kanasín que les destruyó su casa y su vida, la familia Ciau Poot aún trata de asimilar la noche que nunca olvidarán.

Por ahora el abuelo Román Ciau Ek y su esposa Seydi Leticia Poot Dzul están viviendo en el centro comunitario de Kanasín, ubicado en la misma colonia, donde han recibido numerosas muestras de solidaridad que les devuelven la esperaza y les dan ánimo de reconstruir su vida.

Sin embargo, no será fácil, nada volverá a ser igual, principalmente por la parte humana, pues uno de sus nietos que resultó lesionado por la explosión perderá un riñón.

Se trata del pequeño Ángel Alberto Puch Ciau, de cinco años, quien al momento de la explosión estaba jugando en la parte de adelante de la casa, y aunque no resultó sepultado por los escombros como su hermanito de dos meses y sus primos, los proyectiles que salieron disparados lo alcanzaron.

La potencia de los pedazos de concreto que salieron disparados fue tal que causaron daños en las casas de enfrente.

Después del predio de la familia Ciau Poot, donde se cayeron muros y paredes, la casa que siguió en afectación es una frente a la bodega ilegal de pirotecnia. Ahí se rompieron los cristales de casi todas las ventanas, se hizo un boquete en una pared. La fachada aún muestra impactos de proyectiles.

Una vivienda de al lado, ubicada frente a la de la familia damnificada, presenta cristales rotos, barrotes desprendidos y doblados y pedazos de concreto arrancados por los impactos.

Se espera que el pequeño Ángel Alberto sea sometido a una segunda cirugía, pero los médicos ya le anticiparon a la familia que será difícil salvarle uno de sus riñones. Ya se hacen oraciones por su salud.

El bebé de dos meses, Jesús Emmanuel ya se encuentra estyable y ya está con su familia. Su recuperación fue rápida, pese a que cuando lo rescataron estaba completamente “empanizado” por el polvo de los escombros, que le obstruía las vías respiratorias, pero afortuamente ningún golpe que le costara la vida o le dejara lesiones permanentes.

Otros niños fueron protegidos por la caída de un ropero, que generó un breve espacio entre la pared que se desplomó y el mueble, suficiente para funcionar como escudo para alguien de cuerpo pequeño.

La familia espera pronto desocupar el centro comunitario, quieren ir a casa de sus familiares para sentirse más cómodos.

Acostumbrados a dormir en hamaca, les resulta cansado tener que hacerlo en las colchonetas para damnificados. Solo pueden colgar una hamaca.

Apenas ayer le permitieron al abuelo Román Ciau entrar a la casa destruida por unos minutos para que recupere documentos.

La vivienda todavía permanece acordonada, lo mismo que la devastada fábrica y bodega ilegal de pirotecnia.

Aún no se tiene un peritaje de los daños a la casa de la familia Ciau Poot, pero tal vez será necesario derribarla y reconstruirla de nuevo.

La calle apenas se abrió ayer y también se reconectó la electricidad que fue suspendida porque el gran incendio que prosiguió a la explosión quemó el cableado de la CFE.

La calle se ha vuelto más polvorienta de lo que ya era, y aún se respira olor a pólvora, a muerte y a dolor mientras decenas de curiosos llegan a tomar evidencia de la tragedia con sus celulares.

No es para menos, es con mucho el peor desastre en el área de Kanasín, y tal vez en toda la zona metropolitana de Mérida… una Noche Vieja que nadie olvidará en Francisco Villa Oriente y alrededores.