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Actividad paranormal y otras cosas más terrenales en clínica de Mérida

Publicado noviembre 01, 2017, 5:54 pm
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No sé ustedes, pero a mí un poco de miedo me dio la situación. O sea, los fantasmas no existen y blablabla, pero si te mandan a cubrir una nota a una clínica clausurada y abandonada hace años, donde “cuentan” que se hacían abortos clandestinos y que incluso murieron personas víctimas de esos abortos… Y bueno, un toque de miedo da. Y más si a la cita acude una parapsicóloga.

Y como no soy valiente ni mucho menos, fui a visitar la Clínica Peninsular, ubicada en la colonia Cortés Sarmiento, a plena luz del día y con René Duperón, director editorial de Yucatán Ahora, donde trabajamos.

Mientras esperábamos que llegue Brenda Campos Viana, licenciada en Parapsicología, nos sentamos un rato en el parque que está ubicado enfrente de la clínica, donde “noviaban”, dos parejitas. Una de ellas, a los pocos minutos, se metió en la clínica. No sabemos si a ver espectros o a otra cosa. La situación desdramatizó un poco los nervios de la espera.


Pocos minutos antes de que llegara Brenda, vimos que dos chavos salían de la clínica en ruinas. Eran Rangel, de 20 años y Alejandro de 17. Atraídos por la leyenda urbana de las ánimas que habitan la clínica abandonada, vinieron a ver “qué onda”. Salieron un tanto escépticos.

“Vinimos a ver si era cierto todo lo que se cuenta del lugar, que se escuchan llantos de bebés, gritos y que hasta sientes que te tocan. Pero nada de eso ocurrió. Sin embargo sí escuchamos ruidos y hasta aleteos de murciélagos. Los celulares tampoco funcionan bien ahí adentro”, comentó Rangel.

Mientras platicábamos, la parejita de novios salió de la clínica y en ese momento llegó Brenda, muy dicharachera y buena onda. Nos contó que desde los cuatro o cinco años, se comunica con personas fallecidas “¿Te acuerdas de la película Sexto Sentido, del niño que veía gente muerta? Bueno, mi caso es igual”, explicó.

Dijo que su primera vez fue en Campeche, donde nació, cuando tenía cuatro años. Los niños se habían ido a jugar al monte pero ella prefirió quedarse en su casa con una señora mayor que no conocía, pero que le pidió que jugara con ella. Años después vio una foto de esa señora en su casa. Era su abuela Vicenta, quien murió antes que ella naciera.

Le preguntamos si le dio miedo o la traumó “noticiarse” de su capacidad de comunicarse con espíritus. Brenda se rió como respuesta: “¡Para nada! Vengo de una familia donde estas cosas son naturales, hay videntes, tarotistas, yerbateros… Yo le decía a mi mamá que había visto un espíritu y ella me respondía ‘Muy bien, ahora ve a hacer tu tarea’”, recordó entre sonrisas.

Antes de entrar en la clínica, Brenda nos pidió que oráramos en grupo para protegernos de los espíritus que pudieran habitar la clínica. Entramos cinco personas, ya que Rangel y Alejandro, los chavos que vimos afuera, nos acompañaron.

La clínica no sólo está abandonada, sino que también está toda grafiteada y, según cuentan Rangel y Alejandro, allí va gente a beber, drogarse y a tener sexo. Una vez pasadas las habitaciones que dan a la calle, la clínica se vuelve más silenciosa y fría.

Brenda inmediatamente sintió presencias paranormales cerca nuestro. Nos explicó que eran como lucecitas que nos rodeaban. Entonces invocó a los espíritus y les pidió que se manifestaran ante nosotros. En ese momento –creer o no- sonó el celular de René, que estaba grabando un vivo.

Entonces Brenda volvió a pedir que se manifestaran y escuchamos ruidos en el piso de arriba (¿Podía ser un murciélago?) y además le vibró el celular a Alejandro.

Pasamos a un espacio donde entraba luz del techo. Brenda señaló que esa zona era una sala de espera que conectaba a consultorios donde, según ella, realizaban abortos. Dijo que sintió la presencia de pacientes que estaban con un sentimiento de tristeza y disconformidad.

De repente nos atacó una nube de moscos que salieron de la nada. Brenda dijo que ya teníamos que abandonar el lugar, que “nos querían afuera”. Eso hicimos inmediatamente. Ya en la calle, Brenda nos reunió para orar de nuevo para así quitarnos cualquier posibilidad de espíritus de encima. Seguimos sus rezos al pie de la letra.

Científicamente no podemos probar lo que vivimos hoy. Empíricamente fue una experiencia rara y nueva de la cual no fuimos escépticos en absoluto. En el Día de los Fieles Difuntos, si es cierto todo lo que pasó en esa clínica, ojalá que esas almas descansen en paz.- CGO.

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