Precursores del uniforme neutro en Mérida, allá por 1985

De pronto vimos que llegaron a la escuela un niño y una niña con el uniforme invertido. Eran hermanos de nuevo ingreso y el familiar que fue a inscribirlos equivocó los colores que correspondían a cada género.

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Mirada Azul/Columna
Por: René Duperón

Si bien las autoridades de la Ciudad de México ya precisaron que el uniforme neutro será únicamente para las mujeres y, afortunadamente no tendremos la desdicha de ver piernas desnudas con vellos, no quiero dejar de publicar este comentario, al cual ya se le estaba pasando tiempo.

El hecho al que me voy a referir ya tiene bastantes ayeres y ocurrió por ahí de 1985, cuando quien escribe estas líneas cursaba la secundaria, de la cual no voy a decir el nombre para que no comiencen las elucubraciones.

Es la historia de un compañero y su hermana que, de algún modo, fueron precursores del uniforme neutro. A continuación, los detalles:

Corrían los primeros días del mes de septiembre (antes el curso escolar comenzaba por esas fechas) y como buenos estudiantes llegamos temprano al primer día de clases. Mi generación estaba por comenzar el segundo grado de secundaria.

Parados esperando a que abrieran la reja, en medio del relajo entre los que ya nos conocíamos del curso anterior vimos que de pronto bajó del autobús un peculiar pareja que enseguida llamó la atención.

Eran alumnos de nuevo ingreso, pero eso no fue lo que despertó la curiosidad, sino ver que traían el uniforme escolar invertido. Ella con la falda color gris del pantalón de uniforme de los varones, y él con un pantalón cuadriculado como la falda de uniforme de las niñas.

Resulta que cuando fueron a inscribirlos para que se incorporaran al segundo año procedentes de otra escuela, el familiar que tomó la muestra para los uniformes equivocó el género, y al pobre compañero le hicieron el pantalón con la tela de uniforme de las niñas, y a su hermana le hicieron una falda lisa, como el uniforme de los varones.

Sobra decir que para ella el “bullying” estuvo leve, no así para su hermano, que ya casi salía corriendo de la escuela para ir a cambiarse.

Incluso todavía hasta hoy ese hecho lo persigue como una sombra entre quienes lo atestiguaron. Es inevitable no recordarlo cuando hacemos reuniones de reencuentro de ex compañeros de la secundaria.

Luego de un par de días el problema se resolvió, y el compañero entró ufano por la reja luciendo el pantalón gris del uniforme correcto. Junto a él su hermana con la falda cuadrículada, aunque en honor a la verdad, ella en algunas ocasiones volvió a llevar la falda gris, no había problema para ella.

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