¿Por qué no declaramos el alcohol como el mayor enemigo público?

Las personas ebrias se han convertido en ingrediente infaltable de trágicos accidentes así como de homicidios, feminicidios y suicidios, además de pleitos y choques que dejan lisiados.

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Radar Político/Columna

El alcohol se ha convertido en ingrediente infaltable de trágicos accidentes, suicidios, homicidios, feminicidios y otros percances que, por lo menos, dejan lisiados a gran número de yucatecos.

La semana pasada, jóvenes que a temprana hora conducían ebrios protagonizaron accidentes que causaron una tragedia y dejaron a un abuelito sin pierna, y este lunes nos estamos enterando de un fatal accidente que cobró la vida de una mujer, esposa de un motociclista que transitaba ebrio.

Además, un joven que se estaba embriagando con sus amigos estuvo a punto de perder la vida al tratar de suicidarse por una decepción amorosa.

Respecto a los suicidios, mucho se menciona que sus causas son muchas, entre ellas la depresión y la adicción al alcohol o las drogas.

Un reciente estudio estableció que Yucatán se ubica entre los estados con menos casos de depresión, y si tampoco el consumo de estupefacientes es significativo, no queda más que una verdad contundente: el alcohol es el principal detonante de suicidios en Yucatán.

¿Y si el alcohol es causante de tantos males en la sociedad yucateca por qué no se le ve como el enemigo público número uno?

¿Por qué la gente sigue tratando de evadir los retenes alcoholímetros, como si se tratara de un juego en el que se tienen muchas vidas?

¿Por que los alcaldes no se atreven a establecer medidas antialcohol? ¿Temen más perder votos de sus electores que la vida de sus ciudadanos?

¿Por qué las marcas cerveceras siguen siendo las principales patrocinadoras de eventos deportivos en una franca contradicción?

¿Por qué tiene que ser una marca de cerveza la que tenga que decirnos que somos chingones o que nuestra gastronomía es la más “chida”?

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