¿Por qué disfrutamos tanto los hombres de orinar al aire libre?

Publicado febrero 18, 2018, 6:17 pm
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Mirada Azul/Columna
Por: René Duperón

Tal vez sea un reducto de nuestro pasado primitivo, pero sí hay algo que realmente nos gusta más a los hombres es orinar al aire libre. Lo preferimos mil veces a tener que hacerlo encerrados en cuatro paredes, si bien nos va frente a un migintorio o si es en casa, frente al inodoro.

Y desde aquí ya puedo ver muchas cejas femeninas levantadas, porque si hay algo que más detestan las mujeres es que los hombres orinemos en nuestro pasillo, en nuestro patio o detrás de un arbolito.

De nada valen las explicaciones ecológicas de que eso funciona como un abono rico en nutrientes para las plantas y el suelo. Simplemente dirán que no y el principal argumento que esgrimen es el olor.

Quizá no comprendan que, en pleno siglo XXI, los hombres sigamos siendo territoriales y orinar en nuestro “territorio” es una forma de poner límites a otros machos y dejarles bien claro lo que es nuestra “posesión”.

Conozco un amigo que en su casa todos son varones y al tener un patio muy grande, cada uno tiene un arbolito “asignado”. Incluso hay suficientes árboles para los invitados cuando hace fiestas en su casa.

También sé de un individuo que no soporta el olor de la orina de su hijastro. ¿Otro reducto primitivo de la función de nuestra orina, además de la fisiológica?

Por ahí leí que unos beben su orina para mantenerse jóvenes.

Y hay una costumbre muy yucateca de sugerir que te orinen en la parte afectada si te picó un erizo de mar.

Antes se recomendaba la orina de niño como un eficaz remedio contra el dolor de oído, y así podríamos seguir enumerado todo lo que rodea la orina en la vida cotidiana, pero la verdad ya me está esperando mi árbol favorito…

Posdata: No sé si sea un caso único, pero hasta hace no mucho en Yucatán las mujeres mayas o mestizas, como coloquialmente se les dice, orinaban de pie, y podía hacer por la sencilla razón de que no usaban ropa interior.

Otra acotación, antes de las oleadas migratorias, era más común que la gente dijera wixar (o wishar) que orinar. Mear jamás, eso es demasiado ajeno al habla yucateca.

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