Las muertes por influenza en Yucatán, un dolor que pudo evitarse

Publicado julio 23, 2018, 6:02 am
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Artículo de opinión

Toda muerte causa o debería causar dolor, pues a nadie le gusta perder a las personas que ama o con las que se siente a gusto y comparte muchas cosas.

Sin embargo, el dolor o la desgracia pueden ser ya evitables o inevitables. Este último, decía el filósofo yucateco Carlos Castillo Peraza, es decir, el dolor inevitable es el que viene de Dios, o sea son hechos que quedan fuera del control de los humanos, como los desastres naturales: huracanes, terremotos, lluvias torrenciales o sequías intensas.

Por el contrario, el dolor evitables es aquel que produce un humano contra otro u otros humanos, y en esta clasificación caen accidentes, homicidios y hechos dolosos o premeditados para generar daño, pero también están los descuidos y las omisiones de funcionarios públicos.

Sin duda las 12 muertes causadas por la influenza en Yucatán tienen esta raíz evitable en su origen, pero igual tienen un resposable que ha incumplido con su trabajo: el secretario de Salud, Jorge Mendoza Mézquita.

Las advertencias se le hicieron a tiempo al Sector Salud, tanto por parte expertos nacionales como internacionales, pero no pasó nada.

Apenas ahora es cuando toman medida preventivas tardías e insuficientes, como la aplicación de filtros sanitarios con más huecos que un colador.

Y aunque estas medidas sanitarias tienen el mismo carácter preventivo que la vacunación, reiteradamente el sector salud se ha negado a aplicar una vacunación, argumentando que ya concluyó la campaña de inmunización, en la que por cierto solo se vacunó al 30 por ciento de la población.

Igual queda otra duda, si ya son varios años que en Yucatán la influenza es interestacional, similar a la de Sudamérica, ¿por qué seguir aplicando una temporalidad de vacunación que no corresponde a nuestra realidad? Por qué protegernos de la influenza para la temporada invernal que bien sabemos que en Yucatán es benigna.

Frecuentemente las redes sociales nos llaman a indignarnos porque a niños con cáncer les aplicaron quimioterapias falsas en Veracruz, es decir, con agua destilada en lugar de medicamentos. Sin duda no solo un dolor inevitable sino hasta premeditado.

En Yucatán ocurre algo similar y con tendencia a crecer. Son 12 muertos (los reconocidos oficialmente), 12 familias enlutadas y que ahora cargan con un dolor evitable. ¿Acaso es inevitable que sigamos sufriendo a un secretario de Salud como Jorge Mendoza Mézquita?

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