La organización, instrumento indispensable para el desarrollo de la sociedad

Si queremos que la enorme desigualdad en nuestro país disminuya, bien harían en reconsiderar su actuar, aquellos que atacan toda participación de organizaciones de la sociedad civil.

273

Por: Aleida Ramírez Huerta
Líder de Antorcha Yucatán

La vida en sociedad se hace posible gracias a la acción, participación e interacción de todos los elementos que la integran que, en conjunto, son los encargados de lograr el desarrollo, el progreso y un mejor nivel de bienestar para todos; es decir, la participación organizada es el elemento primario, que permite y hace posible la transformación radical de las condiciones existentes. Por tanto, el desarrollo social visto desde su perspectiva histórica, nos permite entender la base objetiva y materialista de todos sus componentes y distinguir, así, el peso de la participación de las grandes masas populares en el desarrollo de las relaciones económicas, políticas y sociales. Por eso es necesaria e indispensable la participación de gobernantes, líderes, organizaciones sociales -de masas, económicas, educativas, culturales, sindicales, etc.- y la participación del pueblo para acabar con los grandes males que aquejan a millones de mexicanos, con esa brecha enorme y ofensiva, entre un grupo reducido que está sobrado de todo y las grandes mayorías que carecen siempre de lo indispensable para vivir como seres humanos.

Si queremos que la enorme desigualdad prevaleciente en nuestro país disminuya, bien harían en reconsiderar su actuar, aquellos que atacan toda participación de organizaciones de la sociedad civil y, en particular, de las organizaciones de masas en la corrección de este mal social y económico. La embestida iniciada por el actual gobierno federal, empezando por el mismísimo presidente de la república, busca desaparecer toda manifestación organizativa, estigmatizando, calumniando y añadiendo calificativos soeces llenos de desprecio, no solamente a las organizaciones sino también a sus líderes. Equiparar a las organizaciones con organismos intermediarios corruptos, enrarece el ambiente político y pone un freno al desarrollo social.

Es de suma gravedad, que los responsables de conducir los destinos de la nación, todos los días, venga o no al caso, lancen graves acusaciones en contra de quienes difieren de su pensar y actuar, tomando como blanco principal de sus ataques, a las organizaciones populares, presentándolas como responsables de la corrupción y demás males sociales de este país; pero la labor que estas hacen es indispensable para cimentar sólidamente el progreso y desarrollo. En nuestro país las cosas están mal, no estamos bien, ni vamos bien, como gusta afirmar el Lic. Andrés Manuel López Obrador; cifras recientes de organismos oficiales como las del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, informan que en México hay más pobres que hace seis años, que si bien es cierto que la pobreza extrema disminuyó, en contrapartida, la pobreza moderada e intermedia avanzó; es decir, aunque bajó el número de habitantes que no ganan lo suficiente para cubrir sus gastos básicos de alimentación, aumentó la población con bajos salarios, o que carece de servicios de vivienda, salud, educación o seguridad social; por tanto, el reto que enfrenta la nueva administración federal es la aplicación de políticas públicas tendientes a mejorar las condiciones de la población en pobreza extrema y en pobreza moderada, y hacerlo también más allá de los satisfactores mínimos de bienestar representados en los indicadores sociales de la medición multidimensional de la pobreza.

Un cambio verdadero que busque erradicar los males que aquejan a millones de mexicanos, debe impulsar un crecimiento económico de largo plazo que incluya a cada uno de los sectores de la población, implementando estrategias que impulsen la productividad, redistribuyan el ingreso y hagan progresiva la carga impositiva. Esta tarea, que debe ser impulsada desde el gobierno, debe apoyarse en los grupos organizados, necesarios e indispensables para combatir de raíz la pobreza lacerante; el ejercicio unipersonal del poder nos llevará, más temprano que tarde, a un ahondamiento de la descomposición del tejido social existente.

Decía Martha Harnecker, destacada intelectual y socióloga chilena, que “Las revoluciones sociales no las hacen los individuos, las personalidades, por muy brillantes o heroicas que ellas sean. Las revoluciones sociales las hacen las masas populares. Sin la participación de las grandes masas no hay revolución. Para eso, es necesario que las masas se organicen y se eduquen”. Bien harían nuestros gobernantes en no desoír el consejo.

En este contexto, quienes militamos en el Movimiento Antorchista Nacional, pese a las denostaciones y persecución política de que somos objeto, seguimos realizando nuestro trabajo de organización y educación con dos millones y medio de mexicanos organizados en nuestras filas; seguimos luchando junto a ellos, hombro con hombro, con lealtad y compromiso por la solución de sus demandas y erradicar, así, las condiciones de hambre y miseria en las que vivimos. Estamos convencidos de que el progreso y desarrollo de la sociedad depende de la participación organizada de la mayoría sus elementos y eso nos impulsa. Los ataques venales de quienes sienten afectados sus intereses con nuestra lucha y las injurias de sus voceros oficiosos, no nos empequeñecen ni nos arredran, pues, como rezan los versos de don Luis G. Urbina: “Somos los sembradores; arrojamos los granos de verdad en los tristes y hondos surcos humanos; sembramos, y la espiga brota rubia y derecha: Dios riega los sembrados y el porvenir cosecha”. Antorcha es organización, es luz, fuerza y derecho de los desposeídos de este país y contribuimos con nuestro hacer, en la creación de una sociedad más justa con todos.

Comentarios

Comentarios