Juguetes y juegos tradicionales, en vías de extinción

El acelerado crecimiento de la tecnología les ha dado el tiro de gracia, lamenta especialista del Instituto Nacional de Pueblos.

625

Hoy en día, los juegos y juguetes tradicionales de Yucatán están en vía de extinción debido al desinterés por fomentar su uso aunado al acelerado crecimiento de la tecnología digital, lamentó el especialista del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas (INPI), Fredy Poot Sosa.

Lo peor de todo, dijo, es que los profesores nada hacen por rescatar la cultura y las tradiciones, en primer lugar, porque es poco lo que saben además que no está dentro de su programa de trabajo.

Consideró de urgente el establecer programas para rescatar los juegos y juguetes tradicionales, tanto para fortalecer la cultura de la entidad así como para el propio bienestar de los menores de edad, pues la adicción a la tecnología deteriora su salud mental.

Incluso, de acuerdo con un estudio elaborado por especialistas de la Secretaría de Salud federal, en Yucatán ya se registran los primeros casos de nomofobia y cibercondría, males causados por Internet así como el exceso del uso de los teléfonos celulares.

“La kimbomba, la chácara, el tinjoroch, el trompo, el balero, el papagayo, las canicas, el yoyo, el elástico, entre otros permitían la sana convivencia y entretenimiento de los infantes, al mismo tiempo que los mantenían alejados de la violencia contenida en los videojuegos que hay en los teléfonos celulares, tabletas, computadoras, ataris, y demás artefactos tecnológicos”, acotó.

Incluso, debido a que los juguetes eran artesanales, eran los propios infantes quienes lo confeccionaban y con material reciclado, tal el caso de pedazos de escobas, ramas secas, retazos de hilos y telas.

Asimismo, en ocasiones, se utilizaban los frutos del cedro, los “zopilotitos”, para hacer aviones, personas, animales, y otros juguetes, pero ahora en muchos hogares se les considera como “basura”.

“De antes los niños se las ingeniaban para confeccionar sus propios juguetes, ahora, con la modernización, todo es comprado, y la imaginación se pierde”, subrayó.

Al contar con un equipo tecnológico, el menor de edad tiene problemas de sueño pues se desvela con tal de jugar, y por ende, duerme poco y rinde menos en la escuela.

Al mismo tiempo, se enajenan de los demás, pues prefieren jugar solos en sus casas, por lo que “la relación niño-máquina es un grave problema de salud mental”.

Enfatizó que la convivencia social enriquece la vida cultural de los infantes, de ahí la importancia de que jueguen en grupos.

Pedagogía, la clave

Poot Sosa afirmó que la Secretaría de Educación Pública (SEP) está obligada a fomentar la cultura de cada región, pero los profesores poco hacen por promover las tradiciones, debido a que no está dentro de su programa de trabajo, o bien, conocen poco y prefieren no abordar el tema.

“Es necesario que las autoridades educativas se encarguen de fomentar el uso de juegos y juguetes tradicionales, sobre todo, en un mundo globalizado, donde la modernidad hace a un lado a los usos y costumbres de la región, así como a la identidad de cada población”, sugirió.

Al mismo tiempo, convocó a los padres de familia a fomentar también el uso de los juguetes tradicionales, al mostrar cómo eran los juegos y juguetes que utilizaron los menores de edad podrán comparar y practicar nuevas opciones de entretenimiento.

Comentarios

Comentarios