El ruido en el centro de Mérida no es problema de extranjeros, advierten

También hay afectaciones a yucatecos y a toda persona en general que pierde calidad de vida a causa del ruido. Señalan que la lucha no es de ahora, sino que ya tiene una década.

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Empresarios y vecinos del Centro Histórico de Mérida lamentaron que a una década de denunciar el problema del ruido, hasta el momento las autoridades se abstienen a la solución del problema, el cual también se convierte en un atentado contra el turismo cultural.

Los también integrantes del movimiento #Todososomosmerida manifestaron que hasta el momento, sólo el Congreso del Estado muestra interés a dicha situación, con la aprobación de un punto para la revisión de la normatividad que permita la regulación de la contaminación sonora que emana de restaurantes bar, cantinas y otros negocios.

Los legisladores aprobaron la revisión de la normativa que se aplica para la regulación del ruido, por lo que las autoridades municipales y estatales deben actuar de manera inmediata para la pronta solución a éste problema,

Asimismo, consideraron de innecesaria la creación de una nueva normativa para combatir el ruido, ya que simplemente se requiere aplicar el reglamento municipal para regulación.

Recientemente, se hizo una petición para insonorizar los bares, restaurantes y comercios con música en vivo o grabada, pero nuevamente la respuesta es nula.

La presidenta del Centro Cultural La Cúpula, Leila Voight, afirmó que “el ruido no es problema de extranjeros que viven en el Centro Histórico, ya también es habitada por yucatecos y personas de otras partes del país, quienes sufren de esta anomalía”.

Durante la conferencia de prensa se reconoció hace más de 10 años, el Centro Histórico estaba abandonado, sin embargo, extranjeros adquirieron los predios, los cuales fueron restaurados para que nuevamente sean habitables, por lo que el lugar revivió.

“Invirtieron recursos extranjeros y locales para rescatar las casas que muchos tiempo estuvieron abandonadas, aquellas en las que familias yucatecas prefirieron irse a vivir a otras partes en lugar de invertir en su patrimonio”, agregó.

La empresaria Olga Moguel Pereyra comentó que desde hace 10 años iniciaron las peticiones personales ante el problema del ruido, y a partir de 2014, las gestiones se tornaron grupales, cuya respuesta es nula.

Reprobó los falsos rumores en torno a solicitudes hechas al Ayuntamiento de Mérida y al Gobierno del Estado, por lo que se mostró preocupada ante “los recientes intentos de promover enconos y polarizar las posiciones”.

“Si estamos a favor de la música, de los músicos, de los empleados y de los comerciantes, siempre y cuando sean respetuosos de los vecinos y de las normas, además de que el volumen en exceso es ruido, independientemente del tipo de música”, subrayó.

Remarcó que jamás ha propuesto el cierre de fuentes de trabajo ni la cancelación de espectáculos al aire libre, pero pidió a los empresarios a respetar los derechos de los demás.

Mantas dañadas

Por su parte, el fotógrafo Pim Schalkwijk comentó que se adquirieron 90 mantas, distribuidas en 60 domicilios, con las cuales se manifiestan en contra del ruido.

De todas estas, cinco ya fueron dañadas, de las cuales, en una de ellas se colocó la frase “Atte la burocracia”, en otras se escribió “Más música”, y en otra se pintó un pene.

Anunció que adquirirán más mantas, cuyo número se definirán en los próximos días, como una medida para concientizar a la población y se exigirá a las autoridades la aplicación de la normativa vigente.

Asimismo, Carolina Osorio, meridana de nacimiento, comentó que a lado de su casa abrieron un “pequeño restaurante, que empezó como taquería”, pero a las siguientes semanas, colocaron bocinas en el patio, cuyo ruido retumba las paredes de su predio.

“Les he pedido que bajen su volumen pero no lo hacen, y ahora nos enfrentamos a los clientes, ya que como dicho restaurante carece de estacionamiento, estos ponen sus carros enfrente de las casas, sin importarles si es entrada de vehículos o sitio exclusivo para personas con capacidad limitada, y cuando se les pide que lo muevan, nos ofenden al gritar que la calle es libre”, subrayó

Garantizó que “no estamos en contra de los bares ni de los trabajadores de estos negocios, quienes necesitan de sus ingresos para mantener a sus familias, pero trabajando en esas condiciones ponen en riesgo su salud, perdiendo la audición de manera irreversible ante el volumen exagerado del sonido”.

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