El Castillo de Chichén Itzá sigue sorprendiendo con sus revelaciones

Publicado diciembre 16, 2018, 5:29 pm
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Recientes estudios revelan que El Castillo de Chichén es un verdadero “calendario de piedra destinado a la agricultura”, ya que los sacerdotes astrónomos mayas aprovecharon el movimiento del Sol para establecer los períodos de siembra y cosecha de la región

El especialista del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) Yucatán, Orlando Casares Contreras, aseveró el edificio tuvo una utilidad arqueoastronómica, pero no como actualmente se concibe, pues no fue un marcador de equinoccios.

Remarcó que la verdadera función del edificio precolombino fue la de determinar los períodos agrícolas con base a la formación de los triángulos de luz que conforman en cuerpo serpentino de Kukulcán.

“Más que un observatorio netamente astronómico, es un gran calendario que determinó el momento adecuado para la siembra y las cosechas”, al mismo tiempo permitió anticiparse a la temporada de lluvias así como de mayor insolación, etc.

Refutó que su función sea netamente “equinoccial”, ya que no marca con exactitud lo que hoy se conoce como los cambios de las estaciones del año.

Recordó que en la década  de los 70`ps del siglo pasado, de utilizó el descenso de Kukulcán sobre la alfarda noroeste de El Castillo como punta de lanza para atraer el turismo a Yucatán.

Recientemente se fortaleció una discusión sobre si realmente marcaba los equinoccios, de primavera como de otoño, debido al prolongado número de días en los que se observa los siete triángulos de luz que marcan dicho suceso.

Aseveró que el reconocido arqueólogo Peter Smith avaló que no es la reconstrucción lo que afecta, sin embargo, “el período de iluminación no se limita a un solo día”.

Expresó que por más de dos años analizó el movimiento del Sol a través de dicho inmueble prehispánico, por lo que se obtuvo el período de aparición y desaparición de los triángulos de luz, los cuales forman el cuerpo de Kukulcán.

Explicó que entre el 12 y 13 de febrero empiezan a iluminarse la alfarda, con la formación de 1.5 triángulos, con duración de 20 minutos, específicamente, de las 15:35 a las 15:55 horas.

Posteriormente, a finales de febrero se registran entre dos y tres, a principios de marzo fluctúan entre cinco y seis, y a finales del tercer mes, ya son ocho.

Mientras que el 9 de abril ya son nueve los triángulos de luz, es decir, “hay una proyección del total de basamentos que conforman El Castillo, y el noveno ilumina la cabeza de Kukulcán”.

Conforme el Sol se mueve por el horizonte, el 24 de mayo, la alfarda queda completamente iluminada, y justo ese día se registra el Sol en el cenit.

El proceso se repetirá a la inversa, comenzando el 19 de julio hasta el 2 de septiembre, con nueve triángulos de luz, que disminuirán en cantidad y tiempo de proyección, hasta llegar al 29 de octubre.

Consideró de interesante el hecho del inicio de la formación de los nueve triángulos de luz el mero día del segundo fenómeno de Sol en el cenit, y la proyección de estos termina faltando 52 días para el solsticio de invierno.

Incluso, hay que esperar 52 días para repetir el ciclo de filtración del Sol en los basamentos de El Castillo.

“Los elementos arquitectónicos señalan una relación directamente proporcional con algunos múltiplos de importancia calendárica maya”, subrayó.

Ejemplificó el caso del 52, múltiplo que simboliza el total de ciclos que debe dar el calendario Haab (de 365 días) para alcanzar en el mismo punto los períodos del calendario sagrado (de 260 días), el cual necesita 73 giros.

Finalmente, aseveró que con este hallazgo, se demuestra que no es necesario generar una notable afluencia de turistas durante el equinoccio de primavera, pues el fenómeno arqueoastronómico se observa de febrero a julio.

“Bien pueden aprovechar éste período para que el turismo pueda observar la formación del cuerpo serpentino de Kukulcán”, concluyó.

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