Si venció a poderosos líderes charros, artritis e ingratitud le hacen los mandados

En silla de ruedas y en un asilo, la luchadora social Laura Florero Hiedra se niega a claudicar y se ejercita para seguir formando capacitadores en equidad de género. En su juventud combatió el charrismo sindical en Telmex y en el gremio de electricistas.

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Desde su silla de ruedas y afectada por la artritis reumatoide, Laura Florero Hiedra se niega a claudicar y se ejercita para seguir formando capacitadores en equidad de género.

Esta es una peculiar, pero poco conocida historia de lucha por los derechos humanos que se inició en 1976, pero que se gestó desde muchos años antes, cuando tenía 14 años de edad.

Cuando Laura Florero Hiedra cumplió 26 años comenzó oficialmente su lucha por los derechos humanos, en la Ciudad de México, donde ocho calendarios antes presenció de primera mano la Matanza de Tlatelolco.

A partir de entonces se sucedió una larga y muy activa labor en defensa de los derechos de las mujeres, sobre todo las trabajadoras, sindicalizadas o no, así como de la equidad de género.

Ahora, a los 68 años, en el otoño de su ejemplar existencia, su trinchera es móvil: una silla de ruedas en la que se desplaza con ayuda por los corredores de un asilo para gente de edad avanzada: el hogar de ancianos “María Teresa Haas”, ubicado en el norponiente de Mérida.

El activismo inclaudicable de Laura Florero, mejor conocida como “María Luisa”, no la hacen invulnerable al olvido familiar. Ella residió en los últimos años en Cancún, Quintana Roo, donde tiene un hijo al que le atraen más los vapores etílicos que los lazos de consanguinidad.

Nuestra protagonista era una tallerista discapacitada hasta hace unos meses en esa entidad, pero al avanzar su padecimiento, de origen genético, se trasladó hace unos meses a la capital yucateca y últimamente ha permanecido inactiva.

Pero su espíritu de lucha se rebela y ha comenzado a realizar ejercicios físicos, motivada por la ayuda incondicional de una tocaya suya, la maestra Laura Columba Rosa Olivera, quien le ha prodigado atenciones y herramientas para su acondicionamiento físico.

Eso ha hecho renacer en ella el deseo de recuperarse, aunque sea en parte, para reanudar lo que mejor hace: impartir talleres para la formación de capacitadores en equidad de género. Esos talleres los organiza el Inmujeres.

“La democracia se debe inculcar desde el hogar con perspectiva de género”, enfatiza Laurita, como le dicen sus cuidadores y veteranos compañeros de internado, durante una visita que le hizo Yucatán Ahora en el hogar de ancianos.

Aficionada desde muy joven a la buena lectura, la señora Florero Hiedra empezó a leer a Salgari a los tiernos ocho años de edad, cuando otras niñas jugaban a las muñecas. A los 14 años, acicateada por la lectura de un folleto de Yanga, comenzó a investigar sobre los derechos humanos.

Durante la visita, nuestra interlocutora comentó que en su juventud combatió sobre todo el charrismo en Teléfonos de México (Telmex). Su éxito en la lucha sindical en esa empresa la llevó a visitar otros sindicatos, como el de electricistas, donde fue un factor clave de lucha por los derechos de sus agremiados.

En especial recuerda la vez que, a finales de la década de los setenta habló en la capital del país ante el Congreso Nacional “Mujeres hacia el estado de derecho con equidad de género”, frente a tres mil delegadas provenientes de todo el país.

El periodista atestiguó cuando Laura Florero le presumió a su amiga y tocaya sus logros en materia de acondicionamiento físico, leves, pero que significan mucho para ella.

Tras algunos levantamientos de pequeñas pesas de manos, la tallerista remató con una frase: “Hay que buscar un país democrático con visión de género desde el hogar hasta la Presidencia”.

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