De Sao Paulo a toda América, en dos ruedas

Rodrigo Matos es un brasileño que salió de su país en bicicleta y hace dos años y medio no para. Dice que conoció la libertad sobre dos ruedas y hace 20 días llegó a México. De Yucatán viajará a Campeche y luego a Chiapas.

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Rodrigo Matos (en segundo plano) con un compañero ciclista en la frontera sur de México del lado quintanarroense

Ahí, al fondo de unas decenas de bicicletas listas para partir en silencio de la noche del parque de Santa Ana a la Plaza Grande de Mérida, hay una bici con una bandera de Brasil, ondeando. La conduce Rodrigo Matos, un paulista que hace dos años y medio conoció la libertad de viajar sobre dos ruedas y ahora visita Yucatán, siempre con un proyecto de viaje en la cabeza que genere cosas.

Rodrigo participó la noche del miércoles en una rodada silenciosa que organizó el colectivo CicloTurixes como parte del “Ride Of Silence”, que se realizó en 337 ciudades del mundo para pedir justicia por los ciclistas fallecidos, no sólo en el estado (uno de los lugares del país con más ciclistas muertos por accidentes), sino también por los dos extranjeros europeos que perdieron la vida en abril pasado en Chiapas por causas aún no aclaradas.

Simpático, con un español perfecto y una sonrisa a flor de piel, este brasileño de 31 años cuenta que su viaje empezó en realidad allá por 2014, cuando se celebraba el Mundial de Fútbol en su país. “Ya había hecho un viaje de mochila, sin bicicleta, por Perú y Bolivia. Cuando entré al Amazonas de Brasil estaba toda inundada esa región y no me quedó otra que comprar una bici para salir de alguna forma y llegar a Puerto Belo”, relata.

Más allá que le permitió movilizarse, algo le pasó adentro a Rodrigo cuando empezó a viajar en bici. “En los primeros 10 kilómetros me enamoré porque sentí que andar en bici era lo más cercano que llegué a la libertad hasta ese momento”, manifiesta.

Convencido de que quería un cambio, regresó a Sao Paulo, hizo un viaje en bicicleta de Natal a Salvador y trabajó un año para juntar dinero con la idea de generar un proyecto de viaje más grande y que no sólo fuera trasladarse de un lado a otro, sino generar situaciones que cambiaran su vida y, por qué no, la de los demás también.

Comienza la travesía

Así que el 22 de noviembre de 2015 partió de Sao Paulo con su novia argentina Florencia y con un proyecto de concientización ambiental entre manos. “Pasamos por escuelas donde hacíamos actividades con los niños y ya en Sao Luis Maranhao (al sureste de Brasil) nos separamos y cada uno siguió su rumbo”, relata.

Rodrigo estuvo en la selva de Brasil que fue “lo más salvaje que me tocó en el viaje”, cuenta. De allí viajó a Venezuela, donde estuvo tres meses, luego a Colombia (también tres meses) y de ahí voló a Cuba y más tarde a Panamá.

“Durante el viaje trabajo de lo que sea, en lugares de comida, reformo casas y ahora vendo imanes de bicicletas. También sigo con espectáculos de circo en escuelas, pero ahí no cobro nada”, señala.

Sin prisa pero sin pausa, el viaje del paulista siguió por Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, Belice y hace 20 días entró a México por Chetumal. Todavía se emociona cuando recuerda Bacalar, al que define como “el lugar más lindo de México” y que espera que no cambie por el turismo.

“Hoy conocí Progreso y me gustó mucho. De aquí me voy a Campeche y luego a Palenque y ahí vamos a ver qué pasa… Es muy duro lo que ocurrió con los dos ciclistas europeos, me da un poco de miedo pero igual yo estoy seguro que la mayoría de la gente es buena, como me toca en la ruta, que me ayuda con un vaso de agua, un plato de comida y aliento. Desde hace dos años y medio esa es mi rutina, no hay violencia y cuando la gente me pregunta si tengo miedo yo les digo que no, porque sé que la mayoría de las personas del mundo son buenas, aunque nos traten de hacer creer lo contrario”, afirma, convencido.

Si quieres saber más de la travesía de Rodrigo, puedes seguirlo en su Facebook Energizando (@proenergizando).- Cecilia García Olivieri.

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