De patria, himnos nacionales y llantos de corazón

A diferencia del himno argentino, el mexicano arranca de entrada bien arriba, luego se vuelve dulce para los oídos, para terminar sonoro y fuerte, para que “Retiemble en sus centros la tierra”.

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Viernes Sudaca/Columna
Por: @laflacadelamor

De mi papá heredé muchas cosas. Tengo su misma nariz, agrando los ojos cuando me siento incrédula o un poco sacada de quicio, abro involuntariamente la boca cuando me concentro en algo (como pintarme las pestañas o enhebrar una aguja) y, sobre todo, lloro como él cuando entono el Himno Nacional Argentino.

Mi papá, sobre todo de joven, tenía una apariencia de tipo rudo. Lo recuerdo en los setenta, muy alto y flaco, con anteojos onda Ray-Ban y bigotes negros que le caían hasta la comisura de los labios. Mi papá era un Charles Bronson sudaca que manejaba un Citroën como el de papá de Mafalda. Siempre fue un tipo trabajador, único hombre en una casa donde vivían cinco mujeres (mi mamá, mi abuela, mis dos hermanas y yo), así que imagínense que no tenía mucha voz y voto el pobre.

Pero parecía un tipo rudo, sin embargo, por lo menos en apariencia y entre los 70 y los 80. Sin embargo, se desarmaba cada vez que iba a un acto escolar y había que cantar el Himno Nacional. Ahí, el Charles Bronson mercedino se emocionaba de tal manera que terminaba a puro llanto como María Magdalena.

Foto: Notimex

Un día, en acto escolar de mi hermana, lo observé detenidamente. El tipo empezaba cantando con bríos pero de repente la voz le jugaba una mala pasada y se le ponía finita. Y los ojos vidriosos. Entonces trataba de aclarar la voz con una tosecita que le salía más finita todavía que la voz y ahí ya no daba para más y lloraba a moco tendido.

Me acuerdo que una vez le pregunté: “¿Por qué llorás, papi?” Entonces se pasó las manos por los ojos, sacó un pañuelo (esos de tela, que ahora casi no se usan), se sonó la nariz y me contestó, otra vez con voz finita: “Es que me emociono, hija”.

Yo también me emociono, deben ser los genes. Y ahora, lejos de mi tierra, escucho el Himno Nacional Mexicano y me pasa lo mismo. Y ustedes dirán “Pero eres argentina ¿Qué tiene que ver?” Sí, ya sé, pero los himnos me provocan ese sentimiento patriótico que no tiene fronteras, creo.

Y me emociona ver a mis hijos cantarlo y sentirlo a viva voz. Porque ellos cantaban el himno argentino, pero ahora se paran derechitos, se ponen la mano en el pecho y entonan voz en cuello el himno mexicano, que es también suyo porque tienen la fortuna de tener dos tierras.
Y aunque son niños, ya tienen ese sentimiento fervoroso que se llama Patria, que se nos mete por las venas y que algunas veces, cuando ya somos grandes, extraviamos vaya uno a saber por dónde.

Este domingo se celebra el Día de la Independencia y ya me veo llorando de nuevo por motivos patrióticos mexicanos si me sintonizan el Himno Nacional en algún evento, fiesta escolar o hasta en la tele. A diferencia del himno argentino, el mexicano arranca de entrada bien arriba, luego se vuelve dulce para los oídos, para terminar sonoro y fuerte, para que “Retiemble en sus centros la tierra”.

Para todos ustedes ¡Felices fiestas patrias, yucatecos y mexicanos! Y a lidiar con valor por un país cada día mejor.

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