Busca a su padre en Mérida para sanar su corazón maltrecho

Hilda Hernández, la michoacana que busca sus raíces en Yucatán, planea quedarse una semana más para agotar las esperanzas de ver a su padre con vida. Hasta ahora no tiene pistas concretas de él.

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Hilda tiene una sonrisa fresca y franca y, cuando ríe, muestra sus dientes blancos y los ojos se le hacen chiquitos. Y no para de sonreír, a pasar de muchas cosas poco felices que le pasaron en la vida. Hilda tiene 51 años recién cumplidos y siente que empezó a vivir de nuevo y su gran meta en la vida es encontrar a su padre. La primera estación en este viaje es Mérida.

Recientemente Yucatán Ahora publicó que Hilda Hernández vino de Michoacán con la esperanza de encontrar a su papá Rolando Hernández Pérez, a quien vio por última vez (de la que no recuerda nada) cuando sólo tenía un año en Acapulco, hace medio siglo.

Hilda llegó a Mérida hace casi una semana y gracias a los medios de comunicación, las redes sociales y la solidaridad de sus usuarios, no ha parado de moverse para dar con su padre, aunque aún no obtiene las respuestas que espera. Sin embargo planea quedarse una semana más en Mérida, a ver si su suerte cambia.

Le gusta Mérida, dice. El clima le recuerda a Michoacán, también caluroso, húmedo y al nivel del mar. Mientras disfruta de un desayuno vegetariano, Hilda cuenta porqué busca a su papá, después de tantos años.

“Mi mamá Lucía y mi papá Rolando se conocieron en Acapulco, donde mi mamá vivía con unas tías. Se enamoraron, mi madre quedó embarazada y, cuando nací, me anotaron con el apellido de él. Cuando yo tenía un año, mi madre me contó que mi papá se fue con su gente, ‘su raza’, como decía él. Quería regresar a su tierra (en mi acta de nacimiento figura como oriundo de Chiapas, igual que mis abuelos paternos) para enseñarles a su gente lo que había aprendido mientras estudiaba y trabajaba”, relata.

Su mamá Lucía le contó a Hilda que Rolando le prometió buscar una casa para que vivan los tres y que quedaron en reencontrarse en la terminal de su tierra (supuestamente Chiapas, la mamá no le dio más detalles) pero Lucía tuvo miedo y prefirió quedarse con su familia.

“Mi madre era muy joven, tenía 19 años y se puso a pensar ‘¿Qué voy a hacer en un lugar que no conozco y ten lejos con una niña?’ Tampoco faltó algún familiar que le dijera que no le convenía irse, que no sabía que les podría pasar a ella y a su hija y le entró miedo a mi mamá”, cuenta Hilda.

Luego de un tiempo más en Acapulco, Lucía decide irse con su hija a Melchor Ocampo (hoy Lázaro Cárdenas), en Michoacán. Ahí se crió Hilda y ahí radica actualmente.

Su madre se casó, tuvo cinco hijos e Hilda también contrajo matrimonio y tuvo un hijo, Antonio, que hoy tiene 32 años.

Una lucecita en el camino

Lamentablemente su madre y su esposo se enfermaron para la misma época y ella cuidó de los dos hasta que fallecieron.

“Fue muy dura esa etapa de mi vida, yo trabajaba (soy administrativa) y cuidaba de los dos, los llevaba al Seguro Social, los atendía, me encargaba de sus medicaciones y el papeleo de las instituciones médicas, fue muy difícil todo. Me deprimí mucho cuando mi mamá murió hace ocho años pero me quedaba mi esposo. Sin embargo, un año y medio después también fallece él y el golpe fue más duro”, recuerda.

“Luego de perder a mi mamá y a mi esposo, tomé un curso de ayuda personal e hice un liderato de autoayuda. Eso me permitió sacar afuera mis duelos y toda esa tristeza que me invadía”, relata.

Dice Hilda que después de los cursos tomó un tour para pasear por Morelia, Veracruz, Chiapas, Mérida y Oaxaca. Cuando regresó a su tierra, su hermana muere y no se podía permitir caer de nuevo en depresión. “Ahí es cuando aparece la lucecita de mi papá y me dije ‘Me voy a dedicar a buscarlo'”, explica con una sonrisa grande.

Hilda recuerda que una persona de la cual no dio detalle pero en quien ella confía mucho, le dijo que su papá estaba en Mérida. Lamentablemente perdió contacto con esa persona.

“Mi papá tiene ahora 73 o 74 años y no hay aquí acta de defunción con su nombre y apellido. Sin embargo en el INE y en la SEP no quisieron brindarme información porque dicen que es confidencial”, detalla.

Las redes sociales también la ayudan. Desde que se dio a conocer la noticia a través de Javier Escalante de Sistema Rasa (con quien Hilda está profundamente agradecida), recibió por usuarios de las redes un perfil de Facebook de un hombre con el mismo nombre y apellido de su padre, pero cinco años más joven. “Le escribí pero aún no ha leído el mensaje. Vive en Veracruz este señor y muchos usuarios de Facebook me han dicho que me parezco físicamente a las hijas de él”, comenta.

Lamentablemente su familia no puede ayudarla con información porque ya fallecieron o porque no conocieron bien a su padre. Sin embargo la pareja que tiene actualmente y desde hace dos años la apoya en su búsqueda. “El otro día hablamos por teléfono y me dijo que le gustaría tener una hija como yo, porque considera que soy una gran mujer”, dice emocionada.

Hilda no sabe si es la esperanza o el amor por encontrarlo, pero está segura que su papá está cerca. Siempre con esa sonrisa grande que le achica los ojitos hasta que le preguntamos qué hará cuando encuentre a su padre. “Lo voy a abrazar y le voy a decir que lo amo tanto…”, sentencia y, ahora, con los ojitos chiquitos pero llenos de lágrimas.

Para contactarse con Hilda con información concreta: Celular:  753 1043050 Mail: [email protected]

Cecilia García Olivieri.

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